NIETZSCHE Y LA TRANSVALORACIÓN DE TODOS LOS VALORES La crítica a la religión en El Anticristo Por Julia Pérez Ithuralde
INTRODUCCIÓN
“Este libro pertenece a los menos. Tal vez no viva todavía ninguno de ellos. Serán sin duda los que comprendan mi Zaratustra: ¿cómo me sería lícito confundirme a mí mismo con aquellos a quienes ya hoy se les hace caso?-Tan sólo el pasado mañana me pertenece. Algunos nacen de manera póstuma.”1 A lo largo de toda su bibliografía Nietzsche se propone desenmascarar a la tradición occidental, tradición nihilista (veremos más adelante en qué sentido), que se desarrolla en tres factores: la razón socrática, el platonismo y el cristianismo. Y es a partir de estos tres factores que en la vida se desarrolla una nueva actitud: actitud de espectador, la actitud del que espera, el que no “toma posesión” de su vida, la actitud del rebaño. Toda nuestra vida pasa a convertirse en objeto de contemplación del sujeto: podemos reflexionar sobre ella, pero no vivirla. Y se establecen verdades eternas, pero ajenas a nuestra vida, por lo cual para conocerlas debemos tomar distancia de ella. Esta sobrevaloración de la teoría,es el punto de partida del nihilismo europeo. No importa aquí como las cosas se nos presentan, sino que puede decir de ellas la teoría, de una forma general. El nihilismo surge, entonces, como principio de desprecio hacia la vida inmediata.Esto es lo que ha iniciado la tradición socrática y continuado el platonismo. Y el cristianismo, en tanto platonismo para el pueblo,institucionaliza y difunde a través del pensamiento moral esta nueva forma de ver el mundo. Y es en este punto donde nos paramos en el Anticristo: la problemática de una religión que reproduce y difunde el nihilismo como negación de la vida, de la vida en la tierra. NOSOTROS, LOS HIPERBÓREOS. En primera instancia Nietzsche va a identificar a lo malo con débil, y a lo débil con el cristianismo. Mientras que los menos se identifican con la voluntad de poder, con el sentimiento de que el poder crece, con la felicidad que otorga tener más poder (la guerra, la virtud, pero virtud sin “moralina”), los débiles se reconocen en la compasión y su felicidad está ligada a la resignación, con el animal de rebaño, el animal enfermo…con el cristiano. La humanidad no está evolucionando hacia algo mejor tal como hoy se cree, ya que la idea de progreso es una idea falsa. Sólo en casos aislados se presenta un hombre superior, el superhombre.Pero es justamente el cristianismo el que le hace la guerra a este tipo de hombre, una guerra a muerte.El cristianismo le hace la guerra a todos los instintos nobles de la espiritualidad considerándolos como pecaminosos, como descarriadores, como tentaciones. Nietzsche se propone correr este velo que nos corrompe-el velo cristiano-. Esta corrupción entendida como decadencia:los más altos valores de la humanidad hoy son valores de la decadencia. ¿Por qué el hombre está tan corrupto? Donde hay falta de voluntad de poder, habrá decadencia. A los valores supremos de la humanidad les falta esta voluntad: con los nombres más santos, son los valores nihilistas los que ejercen su dominio. Al cristianismo se lo denomina religión de la compasión: cuando uno compadece pierde fuerza. La compasión obstaculiza la ley de selección natural, la compasión pone en peligro a la vida. Hoy, la compasión es una virtud-no sólo una virtud-sino la madre de todas las virtudes, su suelo y origen. Es la práctica de todo nihilismo: persuade a entregarse a la nada, a Dios, al más allá, todos son distintos nombres para lo mismo. La compasión representa la hostilidad a la vida.“Ser médico aquí, ser inexorable aquí, emplear el cuchillo aquí-¡eso es lo que nos corresponde a nosotros, ésa es nuestra especie de filantropía, así es como somos filósofos nosotros, nosotros los hiperbóreos”2! A FAVOR DE NOSOTROS, EN CONTRA DE NOSOTROS. ¿A quiénes consideramos nosotros como nuestra antítesis? A los teólogos, a los que llevan en sí mismos sangre de teólogos. El idealista, al igual que el sacerdote, lleva en su mano los grandes conceptos, los contrapone, con un benévolo desprecio, a los sentidos, a los honores, a la “buena vida”, a la ciencia, viéndolas como fuerzas dañosas y seductoras, por encima de las cuales se cierne el espíritu en una perseidas pura…pero el espíritu puro no existe… ¡el espíritu puro sólo es mentira pura en todo caso! Mientras que ese envenenador de la vida, el sacerdote, sea considerado como representante de la verdad, no habrá verdad, la verdad se ha puesto cabeza abajo. Es más, podríamos sostener que el criterio de verdad debería establecerse de la siguiente forma: ¡todo lo que el sacerdote toma como verdadero debe ser considerado como falso! Los sacerdotes también quieren poder, pues la voluntad nihilista siempre está en busca de él… La filosofía también está corrompida por sangre de teólogos: el párroco protestante es el abuelo de la filosofía alemana.Una virtud tiene que ser una invención nuestra, necesidad nuestra, si se la toma en otro sentido, puede resultar muy peligrosa. Lo que no sale de nuestra necesidad misma, daña nuestras vidas: una virtud practicada meramente por un sentimiento de respeto al concepto de “virtud”, tal como Kant lo quería, es dañosa.Cada uno debería inventar su propio concepto de deber, su propio imperativo categórico: un pueblo muere cuando confunde su deber con el concepto de deber en general. ¿Pero quién toma bajo su ala un instinto de virtud que nos invita a vivir la vida sin placer, sin necesidad interna? Los teólogos, por supuesto, quienes, con ella elaboraron la recetade la decadencia, la contranatualeza como instinto, la decadencia alemana: ¡eso es Kant! Poniendo a parte a algunos pocos escépticos, la mayoría de los filósofos no conoce las exigencias de la honestidad intelectual. Y hablando de deshonestidad, volvemos a Kant: bajo el nombre de“razón práctica”le intentó dar un carácter científico a esa forma de corrupción, a esa falta de conciencia intelectual: no debemos escuchar a la razón cuando la voz del deber aparece. ¡Qué le importa al sacerdote la ciencia! Nosotros mismos, nosotros los espíritus libres, somos ya una transvaloración de todos los valores.Todo “tú debes” ha estado dirigido en contra de nosotros. Nuestramodestia les repugna: Nosotros hemos trastocado lo aprendido, nos hemos vuelto modesto en todo.Al hombre ya no lo derivamos ni del espíritu ni de la divinidad, lo volvimos a colocar entre los animales-, el más fuerte, el más astuto, ´pero animal al fin. Y es consecuencia de esta superioridad del animal-hombre lo que hacer surgir su –“espiritualidad”. Con esto no quiere decir que el hombre está colocado en la corona de la perfección: cualquier animal está, junto a él, en idéntico nivel de perfección. Por ejemplo, tiempo atrás se entendía como facultas superior la voluntad humana: hoy decimos que la voluntad no mueve, no actúa, es simplemente una suerte de reacciones a estímulos se veía en parte contradictorios, en parte concordantes. En otro tiempo se solía considerar como una facultad de procedencia exterior, como una facultad “divina” al espíritu: lo que el hombre debía hacer es despojarse y retraer sus propios sentidos, despojarse de su “envoltura mortal”, para que pueda quedar lo principal de él: su espiritualidad. El espíritu puro es pura estupidez: si despojamos el sistema nervioso y los sentidos, “la envoltura mortal”…pues, ¡no nos queda nada! CONCEPTO DE UNA RELIGIÓN DE LADECADENCE: el concepto de Dios. Podemos afirmar que la religión no tiene ningún punto de contacto con la realidad. En primer lugar utilizan causas puramente imaginarias-Dios, alma, yo, espíritu, la voluntad libre- que producen efectos puramente imaginarios-pecado, redención, gracia castigo…-, una trato con seres imaginarios, una ciencia natural imaginaria, una psicología imaginaria, una teleología imaginaria. Este puro mundo de ficción se diferencia del mundo de los sueños simplemente porque este última refleja la realidad, mientras que el primero la falsea, la niega. Y toda su raíz se debe a un odio a lo natural. ¿Quién necesita de este odio? Aquel que quiere evadir la realidad, aquel que sufre en ella. Y esto supone una realidad fracasada. Una crítica al concepto de Dios: un pueblo que cree en si mismo continúa teniendo un dios propio. Aquí establece Nietzsche una distinción entre Dios del pueblo-ejemplificado a través de las creencias griegas- y el Dios de la decadencia-el dios del cristianismo-. Un pueblo orgulloso, agradecido de sí mismo entiende a la religión como una forma de gratitud (tomemos el ejemplo de los sacrificios). En cambio, un pueblo que se hunde, que siente desaparecer su esperanza, inevitablemente debe transformar también a su Dios: ahora es un mojigato, timorato, modesto, aconseja la paz del alma, el no-odiar más, la indulgencia, incluso el amor al amigo y al enemigo.Este Dios moraliza constantemente y se convierte en un Dios para todo el mundo-Dios cosmopolita-. Otrora represento a un pueblo, a su orgullo, a su fortaleza, ahora es el Dios bueno. No hay ninguna alternativa para los dioses: o son voluntad de poder, o se vuelven necesariamente buenos. Cuando la voluntad de poder de un pueblo decae, siempre hay una decadencia: castrando sus instintos más viriles y sus virtudes, se convierte Dios en fisiológicamente retrasado, en un dios de los débiles. Los sometidos buscan demonizar am los vencedores demonizando el Dios de éstos. Dios y el diablo: engendros de la decadencia. El dios de la decadencia anula todo lo ascendente de la vida, la valentía, lo fuerte, lo señorial, lo orgulloso, Dios termina siendo un bastón para los cansados, un ancla de salvación para los que se están ahogando., el Dios de los pobres. Ciertamente el “reino de Dios” se ha vuelto con esto más grande: toma poder, de él se enseñorean hasta los más pálidos de los pálidos tejiendo alrededor de él su telaraña. Y al mismo tiempo lo sacan de sí mismo. A partir de ese momento Dios se convierte en una figura cada vez más lejana y pálida: una cosa-en-sí. Contradicción de la vida en lugar de reafirmación: con Dios lo único que se diviniza es la nada, se santifica la voluntad de nada.3 LA RAÍZ DEL CRISTIANISMO “En un terreno tan falso, en el que toda naturaleza, todo valor natural, toda realidad tenían contra sí los instintos más hondos de la clase dominante creció el cristianismo, una forma de enemistad mortal, hasta ahora no superada, a la realidad.”4 El cristianismo sólo resulta comprensible a partir del terreno del cual brotó-no es un movimiento contra el instinto judío sino que es una consecuencia lógica de dicho instinto. Los judíos han decidido frente a las opciones de ser o no ser, ser a cualquier precio: este precio fue la falsificación de toda naturaleza, de toda realidad. Ellos invirtieron de una manera incurable la religión, el culto, la moral, la historia, la psicología, convirtiendo a esas cosas en valores contradictorios a los que ellos son naturalmente. No hay pueblo más fatídico de la historia es el pueblo judío por su irreversible daño a la cultura humana. El sentimiento cristiano llega tan lejos que un mismo cristiano puede experimentar aversión al judío, sin concebirse como una consecuencia de él. Nietzsche ahora nos llama a su Genealogía de la moral, donde expone el concepto de aristocracia y la moral del resentimiento (moral de señores-moral de esclavos). La moral del resentimiento surge como una negación de la aristocracia: la negación de los sometidos, el pueblo judío. Son los judíos quienes con todas las de perder, situado en condiciones imposibles, hace uso de su instinto de auto conservación-el más alto que conoció la historia, y se posiciona en los valores de la decadencia, no porque estén dominados por ellos, sino porque ven allí un gran poder. Por ello, si bien los valores judíos son los valores de la decadencia, ellos están lejos de ser un pueblo en decadencia: se han y tenido que hacer pasar por uno, puesto que el poder estaba, en ese momento en los dominados. Para los cristianos y judíos que ansían placer la decadencia no es más que un medio para poner enferma a la humanidad, en un sentido realmente peligroso para la vida. El viejo Dios no podía hacer nada, se debería haberlo abandonado, pero, a cambio, se cambió su concepto, se desnaturalizó, al precio de salvarlo. El concepto de Dios pasó a manos de sacerdotes agitadores que veían en toda ventura un premio y en toda desventura un castigo, que tomaban la desobediencia a Dios como “pecado”. Una vez expulsada la causalidad natural bajo el nombre de premio o castigo, se debería recurrir a una causalidad. antinatural, a partir de esto punto se sigue todo lo antinatural que caracteriza al cristianismo: un Dios que exige, en lugar de un Dios que ayuda, una moral que no representa nuestras necesidades en la vida, sino que es abstracta, antítesis de la vida. ¿Qué es, en definitiva, la moral judeo cristiana? El azar despojado de su inocencia; la desgracia envilecida por el concepto “pecado”; el bienestar denunciado como peligro, como “tentación”; el malestar fisiológico Infectado del gusano roedor de la conciencia...5 El concepto de Dios-falseado-, el concepto de moral-falseado- pero no se detuvieron aquí, sino que tradujeron la historia de su propio pueblo-la historia de Israel, al plano religioso. Esto debería indignarnos si no fuera porque estamos tan acostumbrados a esta interpretación eclesiástica de la historia. Y a la Iglesia la secundaron los filósofos, imponiendo el “orden moral del mundo”. ¿Y qué significa el orden moral del mundo? Significa que hay de una vez por todas una voluntad de Dios respecto a lo que el hombre debe hacer y debe no hacer; que el grado de obediencia a la voluntad de Dios determina el valor de los individuos y los pueblos; que en los destinos de los individuos y los pueblos manda la voluntad de Dios, castigando y premiando, según el grado de obediencia.6 Y un paso más: la “voluntad de Dios” tiene que ser conocida mediante la revelación. Dicho de otra forma, se necesita una falsificación literaria-la “sagrada escritura”- y una falsa forma de conocerla. Y sólo el sacerdote entonces, podía formular qué es la voluntad de Dios. A partir de ahora la vida se ordena de forma tal que el sacerdote es necesario en todas partes: el parásito sagrado que desnaturaliza. Todo aquello que poseía en sí vida (toda costumbre natural, toda institución natural (el Estado, la administración de justicia, el matrimonio, la asistencia a los enfermos y el socorro a los pobres), es transformada por el parásito sacerdote en algo carente de valor. Para ello se utiliza la sanción, un poder otorgador de valor, con lo cual se crea el valor. El sacerdote desantifica a la naturaleza. La desobediencia se nombra “pecado” y la reconciliación con Dios viene por los medios de sumisión al sacerdote. Tesis capital: “Dios perdona al que hace penitencia”-dicho claramente:al que se somete al sacerdote-.7El movimiento de Jesús de Nazaret es el instinto judío una vez más, o mejor dicho el instinto sacerdotal que ya no soporta al sacerdote como realidad y busca una forma de vida más abstracta, más irreal del mundo que la condicionada por la Iglesia, pues el mismo cristianismo se levanta contra la Iglesia…Fue una rebelión contra la jerarquía de la sociedad-no contra su corrupción- sino contra la casta, contra su privilegio. Este anarquista santo incitaba a los excluidos y pecadores a contradecir al orden dominante. Esto fue lo que lo llevo a la cruz, lo prueba la inscripción puesta en ella. Murió por su culpa,-falta toda razón para aseverar, aunque se lo haya aseverado con tanta frecuencia, que murió por culpa de otros-¿Era él consciente de la antítesis que llevaba a cabo, o fue sentido de esa manera? Veamos por ejemplo los adjetivos con los que Renan8 caracteriza a Jesús: héroe y genio. ¿Es Jesús un héroe? ¡Pero si no hay nada menos evangélico que el concepto de héroe! Todo hombre es hijo de Dios-Jesús no reclama nada único para sí- y en cuanto hijo de Dios todo hombre es idéntico al otro… ¿qué es lo que haría de Jesús un héroe, entonces? Y en cuanto a la denominación de genio: nada de nuestro mundo, de nuestro mundo real tiene sentido ni cabida en el concepto de espíritu. Más que genio, cabría la denominación de idiota. Nosotros conocemos a través de las sensaciones: ahora nos proponen conocer a través de lo inaprensible, en un mundo meramente interior, un mundo no tocado por la realidad, un mundo eterno…”el Reino de Dios está dentro de vosotros” El odio instintivo a la realidad y la exclusión instintiva de toda aversión, de toda enemistad, de todas las fronteras y distancias en el sentimiento: estos son los dos pilares de los cuales brota la teoría de la redención. EL TIPO JESÚS “En este lugar no consigo reprimir un sollozo. –hay días que me invade un sentimiento más negro que la más negra melancolía-.el desprecio a los hombres. Y para no dejar ninguna duda sobre qué es lo que desprecio: es el hombre de hoy, el hombre del que yo soy fatalmente contemporáneo”. Con cierta tolerancia en el concepto podríamos llamar a Jesús un “espíritu libre”, ninguna cosa fija le importa. La cultura no le es conocida, ni de oídas, lo mismo sucede con el Estado. Justo el negar es imposible para él, semejante doctrina no puede contradecir, porque no admite que pueda haber, ni siquiera, otra doctrina. Ella es la única realidad, el resto es signo para hablar de ella. No es una fe lo que distingue al cristiano: el cristiano obra diferente. Por el hecho de que no se resiste ni de palabra ni en el corazón al que le hace mal. Por el hecho de que no hace distingos entre forasteros y naturales, entre judíos y no judíos (“el prójimo” es propiamente el correligionario, el judío). Por el hecho de que no guarda rencor a nadie, no desprecia a nadie. Por el hecho de que no recurre a los tribunales ni se pone a disposición de ellos (“no juréis”). Por el hecho de que bajo ninguna circunstancia, ni aun en caso de infidelidad probada del cónyuge, se separa de su mujer. Todo se reduce, en el fondo, a un solo principio; todo es consecuencia de un solo instinto.9La vida del redentor-así como su muerte- fue esta práctica. Él ya no necesitaba ni ritos ni oración para conectarse con Dios, sólo la práctica evangélica conduce a él. Una nueva forma de vida, no una nueva forma de fe… Si algo podemos entender de esta “gran simbolista”, como lo denomina Nietzsche es que tomaba por únicas realidades las realidades interiores, todo el resto es signo de ellas. Así como el concepto de “hijo del hombre-“ no se refiere a ningún hombre en particular, el “Reino de Dios” no es algo que llegue dentro de un tiempo determinado, algo a lo que hay que esperar, es una experiencia del corazón, está en todas partes y no está en ningún lugar…Este buen mensajero, murió como vivió, no para “redimir a los hombres”, sino para ver como se ha de vivir: no defenderse, no encolerizarse, no hacer responsable a nadie…Por el contrario no oponer resistencia al malvado, sino amarlo… Sólo Nosotros, los espíritus libres, podemos comprender algo que se ha malinterpretado por diecinueve siglos. Toda esta historia ha sido impulsada por un instinto egoísta, sólo para sacar ventaja, ya que la Iglesia fue la que se construyó en oposición al Evangelio: la humanidad entera postrada de rodillas ante lo que fue la antítesis del origen, del sentido. Se ha canonizado bajo el concepto de “iglesia”, justo aquello que el mensajero quería dejar atrás…La historia del cristianismo, a partir de la cruz, es la historia de un malentendido. Una enemistad mortal a toda altura del alma, a toda disciplina del espíritu, a toda humanidad franca y bondadosa…valores cristianos-valores aristocráticos: ¡la antítesis más grande que existe! Y muy pronto, la fatalidad del evangelio se decidió con la muerte, quedó colgada en la cruz. Sólo entonces se abrió el abismo: ¿quién lo mató? Y la respuesta irrumpió como un rayo: el judaísmo dominante, su estamento supremo. Es evidente que la pequeña comunidad no entendió lo principal: sus discípulos estaban lejos de perdonar su muerte. Una vez más se fijó la mirada en un instante histórico: el Reino de Dios viene para juzgar a sus enemigos, pero, es aquí donde el Reino para de ser una realidad en nuestros corazones para pasar a ser una promesa. La venganza de los discípulos consistió en exaltar a Jesús de una manera extravagante, desligarlo de ellos mismo, de la misma manera que anteriormente los judíos habían elevado a su Dios por encima de ellos mismo. Dios y el hijo de Dios... ambos productos del resentimiento. A partir de la muerte del redentor surgió la inquietud: ¡cómo puedo permitir Dios esto! Dios entregó a su hijo para redimir a todos los hombres, como víctima…y así, de un golpe, se acabó con el evangelio. Con la muerte en la cruz, esta concepción originaria llega finalmente a su final: punto final para un movimiento de paz, para una efectiva-no prometida- felicidad en la tierra. Sin embargo, lo que antes era algo enfermo, se ha convertido hoy en algo indecente: es indecente ser cristianos. Nosotros ya ni aguantamos que un sacerdote tome en su boca la palabra “verdad”. Todo el mundo sabe que ya no hay Dios, no hay pecador, redentor, nosotros sabemos, nuestra conciencia sabe… ¡y sin embargo todo sigue igual! ¡Qué engendro de falsedad tiene que ser el hombre moderno para no avergonzarse de considerarse a sí mismo cristiano! La palabra cristianismo es ya un malentendido, en el fondo no hay más que un cristiano y éste murió en la cruz. Reducir el ser cristiano a tener algo, es ya negar el cristianismo. No ha habido nunca cristianos. Mirando de cerca, en este falso tipo cristianos nunca predominó la fe, sino sólo los instintos… ¡y qué instintos! Una religión no que cae en errores dañinos, sino que sólo es errores dañinos que lo único que hacen es envenenar la vida:“el cristianismo es una rebelión de todo lo que se arrastra-por-el-suelo contra lo que tiene altura: el evangelio de los “viles” envilece”. LA ANGUSTIA DE DIOS: Cuando se coloca el centro de gravedad de la vida en el más allá, en la nada, la vida misma pierde su eje. Es como vivir de tal modo que ya no tenga sentido vivir, aunque el mismo cristiano se basa en la adulación personal a todos los malogrados para poder persuadirlos de seguirlos. El cristianismo ha hecho, desde el comienzo la guerra a todo sentimiento de respeto y de distancia entre los hombres, presupuesto de toda elevación, de todo crecimiento en la cultura. Con el resentimiento de masas el cristianismo ha forjado el arma masiva contra nosotros, los seres aristocráticos, los seres joviales, generosos, contra nuestra felicidad en la tierra. “El cristiano, estaúltima ratiode la mentira, es el judío dos veces y aun tres... La voluntad fundamental de usar exclusivamente conceptos, símbolos y actitudes probados por la práctica del sacerdote, el rechazo instintivo de cualquier otra práctica, de cualquier otra perspectiva de calor y utilidad, no supone mera tradición, sinoherencia;sólo como herencia obra cual segunda naturaleza.”Léanse los evangelios como libros que ejercen seducción con la moral: la moral queda confiscada por estas gentes, ¡ellas saben cuán importante es la moral! ¡Con la moral es con lo que mejor se lleva a la humanidad por la nariz! Toda esta fatalidad se debe haber dado porque ya existía en el mundo una cierta empatía con estas tendencias, este delirio de grandeza judío: desde el momento en que se abrió el abismo entre judíos y judío-cristianos a éstos últimos no les queda otra que emplear los mismos procedimientos de auto-conservación que emplearon los judíos, mientras que los judíos ya los habían empelado contra todo lo no-judío. El cristiano es sólo un judío de confesión más libre. Con todo esto, uno hace bien en ponerse los guantes cuando lee el Nuevo Testamento. En vano buscar en él un rasgo simpático, bondadoso, franco, honesto: en el Nuevo Testamento hay únicamente instintos malos, no existe ni siquiera valor parta ellos. Todo en el es cobardía, cerrar los ojos y auto-engañarse. Lo que nossepara es que ni en la historia, ni en la naturaleza, ni detrás de la naturaleza, encontraremos nosotros un Dios. Vemos a Dios como un crimen contra la naturaleza, negamos a Dios en cuanto Dios. Negamos a la fe, en cuanto veto de la ciencia. El Dios del cristianismo, el Dios que “deshonra la sabiduría del mundo”, es en realidad, la voluntad del propio cristiano, cuyos enemigos son los doctores alejandrinos y los “buenos filólogos”; a ellos se les hace la guerra. “El peligro de Dios es enorme: ahora tiene que alejar a los hombres del árbol de la vida y mantenerlos sojuzgados mediante la indigencia, la muerte y el trabajo. La vida real es presentada como una medida de urgencia tomada por Dios, como un estado no-natural… Ahora se descubre que la guerra es necesaria (el lenguaje como causa del “pueblo”), los hombres deben destruirse a sí mismos. Finalmente, se decide la ruina ¡En tal Dios se ha creído!..”10 Ya en el comienzo de la Biblia podemos entrever la psicología entera del sacerdote. El sacerdote conoce sólo un gran peligro: la ciencia, el concepto sano de causa y efecto. Pero para conocer, realmente, hay que tener tiempo, espíritu de sobra; por lo cual los sacerdotes decidieron hacer desgraciado al hombre. En concepto de culpa, el de castigo, “el orden moral del mundo”, todos inventos para que el hombre no mire hacia afuera, sino hacia sí mismo, en realidad, no debe mirar en absoluto: debe sufrir. No se necesita médicos, se necesita un “salvador”. Si todo lo que sucede no es por causas naturales sino por fantasmas conceptuales- Dios, espíritus- entonces se ha cometido el máximo crimen contra la humanidad. El pecado, como la máxima deshonra al género humano, ha sido inventado sólo para hacer imposible la ciencia, la cultura, toda elevación y aristocracia en el hombre, el sacerdote domina gracias al invento del pecado. Entre los cristianos hay una especie de criterio de verdad al que denominan “prueba de fuerza”: “la fe hace bienaventurados a los hombres, por lo tanto, es verdadera”. Pero en el fondo, esta presunta prueba de fuerza no es más que fe, el efecto de la fe. Con lucha se ha tenido que conquistar cada avance hacia la verdad, pero a cambio ha habido que entregar nuestro corazón, nuestra confianza en la vida. La fe no mueve montañas, sino que coloca montañas donde no la hay. Sólo una razón enferma puede ser utilizada como razón cristiana, una razón que atenta contra la soberbia del espíritu sano. Fe significa no querer saber lo que es verdadero. Lo distintivo de los sacerdotes es la no-libertad de mentira y su incapacidad para la filología. De esta forma, se esclaviza a la humanidad, malinterpretando hechos históricos, textos históricos, etc. Que los mártires prueban algo a favor de alguna causa, nada tiene que ver con la verdad. La muerte de los mártires seduce, pero… ¿es la cruz un argumento? ¿El hecho de que alguien entregue su vida por una causa, modifica en algo el valor de esa causa?11 Su tontería enseña que con sangre se dice la verdad: pero la sangre envenena a la doctrina más pura, convirtiéndola en delirio y odio de los corazones.
RELIGIÓN COMO DECADENCIA: CONVICCIÓN Y MENTIRA No nos dejemos engañar: los grandes espíritus con escépticos. Zaratustra es escéptico. Las convicciones son prisiones: un espíritu que quiere cosas grandes también quiere los medios para conseguirlas es necesariamente un escéptico. El poder mirar libremente forma parte de la fortaleza. El hombre de fe, el creyente de toda especie es, por necesidad, un hombre dependiente.No ver muchas cosas, no ser desprejuiciado en punto alguno, sino ser en un todo facción, aplicar a todas las cosas una óptica estricta y necesaria, he aquí las premisas sin las cuales tal tipo humano no podría existir. Ahora bien, esto significa ser el antípoda, el antagonista del veraz, de la verdad...12 ¿Existe una antítesis entre mentira y convicción? Todo el mundo lo cree. Nietzsche denomina mentira a no querer ver algo que se, independientemente de que eso suceda con o sin testigos. Un hombre que toma partido por alguna convicción es, necesariamente, un mentiroso, pues debe obviar ciertas lecturas, ciertas visiones del mundo. Por lo tanto no existe la diferencia entre mentira y convicción. No por el hecho de estar convencido de algo, implica decir la verdad. Los sacerdotes entendieron bien esta objeción a la convicción y por eso han decidido cambiar esta “convicción” por el concepto de Dios, la voluntad de Dios, revelación de Dios, etc. Y también Kant realiza el mismo proceso con su imperativo categórico: hay cuestiones en las que hombre no puede decidir sobre la verdad o no-verdad de las cosas, puesto que están más allá de la raza humana. Moraleja: el sacerdote no miente, pues no puede mentir quien encarna al portavoz de Dios. La mentira y la listeza de la revelación son partes integrantes del sacerdote. Pero en última instancia lo que importa es la finalidad con la que se miente. El hecho de que al cristianismo le falten estas “finalidades santas” es lo que Nietzsche critica. Y también sus medios son malos: la degradación del hombre a través del concepto de pecado, el desprecio por el cuerpo, el envenenamiento, la calumnia, el resentimiento.13 Destruir, marchitar, envenenar, chupar sangre, ¡esas son sus finalidades! De hecho el cristianismo fue el vampiro del mundo romano. ¡Todo estaba allí, hace dos mil años atrás! ¿Para qué los griegos? ¿Para qué los romanos? Un imperio no vencido…sólo chupado. Nihilista y cristiano, palabras que riman…y no sólo riman. Pero el mundo antiguo no fue lo único que el cristianismo nos ha arrebatado: con las cruzadas también ha atacado al islam, y la cosecha de su cultura. Ciertamente los cruzados sólo querían hacerse el botín… ¡si las cruzadas son sólo piratería superior…nada más! El cristianismo es sólo un medio de corrupción. Por último fueron los alemanes quienes arrebataron la última conquista contra el cristianismo: el Renacimiento. ¿Qué fue el Renacimiento sino el intento de la transvaloración de todos los valores cristianos? La victoria de los contra-valores, los valores aristocráticos. Sin embargo, un monje alemán, Lutero, que llevaba en sí todos los instintos vengativos de un sacerdote se indignó contra el Renacimiento en lugar de comprender: en vez de ver la superación del cristianismo en su propia sede, vio la corrupción del papado. Y Lutero restauró nuevamente la Iglesia atacándola…el Renacimiento… ¡en vano! Y esta fue siempre la obra de los alemanes: la reforma, Leibniz, Kant, las guerras de liberación, el reich…toda esta suciedad de conceptos es producto de las cobardía, de no poder enfrentar al mundo, de no ser honestos… ¡Estos son mis enemigos!, clama Nietzsche: si no se termina con el cristianismo, culpables de ellos serán los alemanes. LA MUERTE DE DIOS Y EL NIHILISMO ¡Y eso que he tornado como punto de partida de la cronología el dies nefastus en que comenzó esta fatalidad, el primer día del cristianismo! ,comopunto de partida el último, ¿el de hoy? ¡La transvaloración de todos los valores! ... Si el libro se titula el Anticristoes justamente porque Nietzsche mismo se entiende así, como quien hace frente a este Dios de la decadencia. En varias oportunidades, el se autodenomina el primer nihilista consumado de Europa. Aquí cabe la aclaración: ¿qué diferencia a los valores nihilistas cristianos del nihilismo propuesto por Nietzsche? El nihilismo que comienza a desplegar la razón socrática no toma a la vida como centro, sino que pone su razón de ser en un “más allá”, mientras que el tipo de nihilismo que Nietzsche propone, el reactivo, es propio del momento en el que el hombre asume su lugar en el mundo, en la tierra, y la función del Dios muerto. El nihilismo se hace posible a partir de la muerte de Dios. En la filosofía cristiana, Dios es el centro, el ser eterno, representa la verdad, es el parámetro para distinguir el bien del mal. Con la muerte de Dios lo que aparece es la subjetividad, un sinnúmero de verdades que responden a intereses individuales, particulares. Nada tiene valor en sí mismo, sino que el hombre debe asumir su capacidad creadora. Pero el peligro se representa en que si el nihilismo es la perdida de toda validez universal y suprema, ¿qué sucede en la ética? ¿Todo está permitido? ¿Qué sentido tiene la existencia? ¿No significaría esto la pérdida de todo sentido en la vida…? Podemos analizar la muerte de Dios en Nietzsche como una doble posibilidad: a) Si Dios ha muerto, entonces parece que no hay indicaciones hacia dónde dirigirnos, ni normas de valor, así que la muerte de Dios puede traer como consecuencia el sinsentido, donde no hay posibilidad del futuro, la superación, ni el progreso; no habría un cambio auténtico, y por supuesto no habría lugar para la vida ética. b) Y si Dios ha muerto y por eso viene un sinsentido y no hay una brújula que nos indique el camino, Nietzsche confía en que la humanidad tendrá la capacidad de estar a la medida de las circunstancias, y poseerá tal grandeza que podrá construir una ‘historia superior’, donde el hombre aspire a una vida superior en donde la ética tenga cabida.14 El poder está en la tierra, en la voluntad del hombre. Nietzsche nos propone unatransvaloración de todos los valores. Con esto no significa cambiar unos valores por otros “mejores”: debe sumirse como inversión en el punto de partida, de la negación originaria de la vida de la que surge la interpretación platónico-cristiana, y de su sentido, a su afirmación genuina, originaria. La transvaloración implica una redefinición de valores, en el sentido de reafirmación de lo vital individual. Una invención nuestra que realmente responda a nuestras necesidades en el mundo, que realce nuestra voluntad de poder, que favorezcan nuestra libertad, que reafirme nuestra propia vida. El hombre que podrá realizar esto será el súper-hombre: el Anticristo, Zaratustra, el escéptico, aquel que se sitúe más allá del bien y del mal, el niño que destruye todo el castillo para hacer otro desde el principio, recurriendo a su propia inventiva.
CONCLUSIÓN “He llegado al final y pronuncio mi veredicto. Declaro culpable al cristianismo, formulo contra la Iglesia cristiana la acusación más terrible que ha sido formulada jamás por acusador alguno. Se me aparece como la corrupción más grande que pueda concebirse; ha optado por la máxima corrupción posible.” Libro tan contundente como el Anticristo, no creo haber leído nunca. No es sólo una crítica, un análisis sobre los factores negativos que introdujo la religión a nuestras vidas. El Anticristo es una exclamación a la vida, es una negación de aquellos valores que pretende reducirnos a una forma de vida que no merece ser vivía, a una vida despojada, justamente, de aquello que la hace vida.Nietzsche no critica a la religión en sí, sino a lo que han hecho de ella. Critica la religión en tanto negadora de la existencia y no como manifestación de una suerte de espiritualidad en el hombre. No critica a Jesús, sino a sus malinterpretaciones por parte de sus “súbditos”. No critica los ritos religiosos, sino el hecho de que para acceder a esos ritos debemos abandonar todo lo que nos hace estar vivos para entregarnos a una realidad que, paradójicamente, no es real. Nunca aboga por terminar con la religión sino con destruir al cristianismo, aun tipo de religión, no a la religión en sí. Cabe hacer la pregunta: ¿existe, o existiría algún tipo de religión que no niegue la vida? Es decir, si no es intrínseco a la religión proyectarse hacia un más allá, relegando la vida en la tierra como algo que es medio para esa vida terrenal. Porque aún en el budismo, religión que Nietzsche defiende en sus ataques al cristianismo, hay una proyección del espíritu hacia otra realidad.(Aunque de manera bien distinta, puesto que se parte de conceptos terrenales, de la vida misma, para llegar a ella) Por eso, me interesa tomar esta crítica, más que cómo una crítica en sí, como un comienzo, como el comienzo de la guerra: no se puede destruir pacíficamente lo que han hecho de nosotros, debemos combatirlo con todas nuestras armas, hasta vencer y que no haya ni un vestigio del cristianismo en la tierra. Otra cuestión bien interesante es el tema de la verdad: pareciera que hay alguna verdad que el cristianismo oculta, o nos “quita”, aunque sólo podemos aproximarnos a considerar dicha verdad como la misma vida, la vida vivida, la voluntad de poder. Y es esta voluntad justamente lo que el cristianismo niega, a pesar de en realidad encubrir una voluntad de poder, aunque provenga de la “casta” de los sacerdotes. Como bien antes lo trata en la Genealogía de la moral,el problema es cuando la posta de la voluntad de poder es tomada por los débiles, por quienes tienen un resentimiento hacia la vida que genera, refleja, una moral, una construcción metafísica que niega la existencia. Y como siempre, en el lado contrario, Nietzsche exalta los valores aristocráticos, el poder de los nobles, de los que no tienen piedad. Cosa que resulta un poco chocante siempre en la lectura de este autor. Pero, a pesar de la crítica, del enojo, hacia el final de la lectura Nietzsche nos propone mucho: nos está instigando a salir a crear nuevos valores, a combatir la tristeza con alegría, el pecado con vida. Nos está invitando a transmutar todos los valores, a crear una nueva sociedad, una sociedad que parta de su propia existencia y a partir de ella cree sus valores. Afirmar la vida, no negarla. ¿Hay hoy algún Dios al que vencer? ¿Están presentes los valores nihilistas? ¿Ha triunfado el súper hombreo la negación de la vida? Cuestionarnos constantemente para no quedar apáticos y exaltar la vida por sobre todo. “Es necesario que cambiemos nuestra manera de ver, para llegar por fin, quizás demasiado tarde, a renovar nuestra manera de sentir.”15 Bibliografía: - Nietzsche, F.; El Anticristo;Alianza editorial, Buenos Aires, 2008. - Nietzsche, F.; Genealogia de la moral,Gradifico, Buenos Aires, 2007. (Npo hay citas específicas pero sí referencias al capítulo 1) -Muñoz, Jacobo; Nihilismo y crítica de la religión en Nietzsche (en Filosofía de la religión: estudios y textos); Editorial Trotta. -Camacho Ledesma, M. Gabriela-López Martínez, María Itzel; Filosofía (Manual basado en competencias),Editorial Progreso, México, 2011.
1 Nietzsche, F.; El Anticristo;Alianza editorial, Buenos Aires, 2008. (Introducción)
2 Op. Cit. Pág. 36-37
3 Aquí decidí omitir el análisis que hace Nietzsche del budismo en relación con el cristianismo. Nietzsche siente una suerte de simpatía por el budismo-según Sánchez Pascual influencia de Schopenhauer- que lo hace caracterizarlo de una forma distinta, si bien ambas-budismo y cristianismo-son religiones de la decadencia. Esta comparación abarca del parágrafo 20 al 23.
4 Op. Cit. Pag. 62
5 Op. Cit. Pag. 59.
6 Op. Cit. Pag. 60
7 Op. Cit. Pag 62
8 Con quien polemiza Nietzschees con E. Renan (1823-1892), con quien ya había polemizado en el Crepúsculo de los ídolos.Las notas que toma de Renan son Vida de Jesús (historia del origen del cristianismo,París, 1883, publicadas por primera vez en 1970, véase las pp. 422-429 del tomo III, 2.
9 Op. Cit. Pp. 71
10 Borrador del parágrafo 48
11 De alguna forma creo que en este punto Nietzsche ha dado en el clavo: la teoría del mártir está muy arraigada en nuestra sociedad. La canonización de la muerte-por juventud, por valentía, etc.- convierte en una suerte de lucha románticas a lo que, en realidad, no deja de ser una lucha de poder entre clases o tipo de sociedades.
12 Op. Cit. Pp. 104
13 Aquí he obviado también la comparación que realiza Nietzsche de las finalidades cristianas con el código de Manú, legislación más antigua de la India. Dicho análisis corresponde a los parágrafos 56 y 57 del ya mencionado libro.
14 Esto está sacado del libro: Camacho Ledesma, M. Gabriela-López Martínez, María Itzel; Filosofía (Manual basado en competencias),Editorial Progreso, México, 2011.
15 Aurora, parágrafo 103.
La crítica a la religión en El Anticristo
Por Julia Pérez Ithuralde
INTRODUCCIÓN
“Este libro pertenece a los menos. Tal vez no viva todavía ninguno de ellos. Serán sin duda los que comprendan mi Zaratustra: ¿cómo me sería lícito confundirme a mí mismo con aquellos a quienes ya hoy se les hace caso?-Tan sólo el pasado mañana me pertenece. Algunos nacen de manera póstuma.”1
A lo largo de toda su bibliografía Nietzsche se propone desenmascarar a la tradición occidental, tradición nihilista (veremos más adelante en qué sentido), que se desarrolla en tres factores: la razón socrática, el platonismo y el cristianismo. Y es a partir de estos tres factores que en la vida se desarrolla una nueva actitud: actitud de espectador, la actitud del que espera, el que no “toma posesión” de su vida, la actitud del rebaño. Toda nuestra vida pasa a convertirse en objeto de contemplación del sujeto: podemos reflexionar sobre ella, pero no vivirla. Y se establecen verdades eternas, pero ajenas a nuestra vida, por lo cual para conocerlas debemos tomar distancia de ella. Esta sobrevaloración de la teoría, es el punto de partida del nihilismo europeo. No importa aquí como las cosas se nos presentan, sino que puede decir de ellas la teoría, de una forma general. El nihilismo surge, entonces, como principio de desprecio hacia la vida inmediata. Esto es lo que ha iniciado la tradición socrática y continuado el platonismo. Y el cristianismo, en tanto platonismo para el pueblo, institucionaliza y difunde a través del pensamiento moral esta nueva forma de ver el mundo. Y es en este punto donde nos paramos en el Anticristo: la problemática de una religión que reproduce y difunde el nihilismo como negación de la vida, de la vida en la tierra.
NOSOTROS, LOS HIPERBÓREOS.
En primera instancia Nietzsche va a identificar a lo malo con débil, y a lo débil con el cristianismo. Mientras que los menos se identifican con la voluntad de poder, con el sentimiento de que el poder crece, con la felicidad que otorga tener más poder (la guerra, la virtud, pero virtud sin “moralina”), los débiles se reconocen en la compasión y su felicidad está ligada a la resignación, con el animal de rebaño, el animal enfermo…con el cristiano.
La humanidad no está evolucionando hacia algo mejor tal como hoy se cree, ya que la idea de progreso es una idea falsa. Sólo en casos aislados se presenta un hombre superior, el superhombre. Pero es justamente el cristianismo el que le hace la guerra a este tipo de hombre, una guerra a muerte. El cristianismo le hace la guerra a todos los instintos nobles de la espiritualidad considerándolos como pecaminosos, como descarriadores, como tentaciones. Nietzsche se propone correr este velo que nos corrompe-el velo cristiano-. Esta corrupción entendida como decadencia: los más altos valores de la humanidad hoy son valores de la decadencia. ¿Por qué el hombre está tan corrupto? Donde hay falta de voluntad de poder, habrá decadencia. A los valores supremos de la humanidad les falta esta voluntad: con los nombres más santos, son los valores nihilistas los que ejercen su dominio.
Al cristianismo se lo denomina religión de la compasión: cuando uno compadece pierde fuerza. La compasión obstaculiza la ley de selección natural, la compasión pone en peligro a la vida. Hoy, la compasión es una virtud-no sólo una virtud-sino la madre de todas las virtudes, su suelo y origen. Es la práctica de todo nihilismo: persuade a entregarse a la nada, a Dios, al más allá, todos son distintos nombres para lo mismo. La compasión representa la hostilidad a la vida. “Ser médico aquí, ser inexorable aquí, emplear el cuchillo aquí-¡eso es lo que nos corresponde a nosotros, ésa es nuestra especie de filantropía, así es como somos filósofos nosotros, nosotros los hiperbóreos”2!
A FAVOR DE NOSOTROS, EN CONTRA DE NOSOTROS.
¿A quiénes consideramos nosotros como nuestra antítesis? A los teólogos, a los que llevan en sí mismos sangre de teólogos. El idealista, al igual que el sacerdote, lleva en su mano los grandes conceptos, los contrapone, con un benévolo desprecio, a los sentidos, a los honores, a la “buena vida”, a la ciencia, viéndolas como fuerzas dañosas y seductoras, por encima de las cuales se cierne el espíritu en una perseidas pura…pero el espíritu puro no existe… ¡el espíritu puro sólo es mentira pura en todo caso! Mientras que ese envenenador de la vida, el sacerdote, sea considerado como representante de la verdad, no habrá verdad, la verdad se ha puesto cabeza abajo. Es más, podríamos sostener que el criterio de verdad debería establecerse de la siguiente forma: ¡todo lo que el sacerdote toma como verdadero debe ser considerado como falso! Los sacerdotes también quieren poder, pues la voluntad nihilista siempre está en busca de él…
La filosofía también está corrompida por sangre de teólogos: el párroco protestante es el abuelo de la filosofía alemana. Una virtud tiene que ser una invención nuestra, necesidad nuestra, si se la toma en otro sentido, puede resultar muy peligrosa. Lo que no sale de nuestra necesidad misma, daña nuestras vidas: una virtud practicada meramente por un sentimiento de respeto al concepto de “virtud”, tal como Kant lo quería, es dañosa. Cada uno debería inventar su propio concepto de deber, su propio imperativo categórico: un pueblo muere cuando confunde su deber con el concepto de deber en general. ¿Pero quién toma bajo su ala un instinto de virtud que nos invita a vivir la vida sin placer, sin necesidad interna? Los teólogos, por supuesto, quienes, con ella elaboraron la recetade la decadencia, la contranatualeza como instinto, la decadencia alemana: ¡eso es Kant!
Poniendo a parte a algunos pocos escépticos, la mayoría de los filósofos no conoce las exigencias de la honestidad intelectual. Y hablando de deshonestidad, volvemos a Kant: bajo el nombre de “razón práctica” le intentó dar un carácter científico a esa forma de corrupción, a esa falta de conciencia intelectual: no debemos escuchar a la razón cuando la voz del deber aparece. ¡Qué le importa al sacerdote la ciencia!
Nosotros mismos, nosotros los espíritus libres, somos ya una transvaloración de todos los valores. Todo “tú debes” ha estado dirigido en contra de nosotros. Nuestramodestia les repugna: Nosotros hemos trastocado lo aprendido, nos hemos vuelto modesto en todo. Al hombre ya no lo derivamos ni del espíritu ni de la divinidad, lo volvimos a colocar entre los animales-, el más fuerte, el más astuto, ´pero animal al fin. Y es consecuencia de esta superioridad del animal-hombre lo que hacer surgir su –“espiritualidad”. Con esto no quiere decir que el hombre está colocado en la corona de la perfección: cualquier animal está, junto a él, en idéntico nivel de perfección. Por ejemplo, tiempo atrás se entendía como facultas superior la voluntad humana: hoy decimos que la voluntad no mueve, no actúa, es simplemente una suerte de reacciones a estímulos se veía en parte contradictorios, en parte concordantes. En otro tiempo se solía considerar como una facultad de procedencia exterior, como una facultad “divina” al espíritu: lo que el hombre debía hacer es despojarse y retraer sus propios sentidos, despojarse de su “envoltura mortal”, para que pueda quedar lo principal de él: su espiritualidad. El espíritu puro es pura estupidez: si despojamos el sistema nervioso y los sentidos, “la envoltura mortal”…pues, ¡no nos queda nada!
CONCEPTO DE UNA RELIGIÓN DE LA DECADENCE: el concepto de Dios.
Podemos afirmar que la religión no tiene ningún punto de contacto con la realidad.
En primer lugar utilizan causas puramente imaginarias-Dios, alma, yo, espíritu, la voluntad libre- que producen efectos puramente imaginarios-pecado, redención, gracia castigo…-, una trato con seres imaginarios, una ciencia natural imaginaria, una psicología imaginaria, una teleología imaginaria. Este puro mundo de ficción se diferencia del mundo de los sueños simplemente porque este última refleja la realidad, mientras que el primero la falsea, la niega. Y toda su raíz se debe a un odio a lo natural. ¿Quién necesita de este odio? Aquel que quiere evadir la realidad, aquel que sufre en ella. Y esto supone una realidad fracasada.
Una crítica al concepto de Dios: un pueblo que cree en si mismo continúa teniendo un dios propio. Aquí establece Nietzsche una distinción entre Dios del pueblo-ejemplificado a través de las creencias griegas- y el Dios de la decadencia-el dios del cristianismo-. Un pueblo orgulloso, agradecido de sí mismo entiende a la religión como una forma de gratitud (tomemos el ejemplo de los sacrificios). En cambio, un pueblo que se hunde, que siente desaparecer su esperanza, inevitablemente debe transformar también a su Dios: ahora es un mojigato, timorato, modesto, aconseja la paz del alma, el no-odiar más, la indulgencia, incluso el amor al amigo y al enemigo. Este Dios moraliza constantemente y se convierte en un Dios para todo el mundo-Dios cosmopolita-. Otrora represento a un pueblo, a su orgullo, a su fortaleza, ahora es el Dios bueno. No hay ninguna alternativa para los dioses: o son voluntad de poder, o se vuelven necesariamente buenos.
Cuando la voluntad de poder de un pueblo decae, siempre hay una decadencia: castrando sus instintos más viriles y sus virtudes, se convierte Dios en fisiológicamente retrasado, en un dios de los débiles. Los sometidos buscan demonizar am los vencedores demonizando el Dios de éstos. Dios y el diablo: engendros de la decadencia. El dios de la decadencia anula todo lo ascendente de la vida, la valentía, lo fuerte, lo señorial, lo orgulloso, Dios termina siendo un bastón para los cansados, un ancla de salvación para los que se están ahogando., el Dios de los pobres. Ciertamente el “reino de Dios” se ha vuelto con esto más grande: toma poder, de él se enseñorean hasta los más pálidos de los pálidos tejiendo alrededor de él su telaraña. Y al mismo tiempo lo sacan de sí mismo. A partir de ese momento Dios se convierte en una figura cada vez más lejana y pálida: una cosa-en-sí. Contradicción de la vida en lugar de reafirmación: con Dios lo único que se diviniza es la nada, se santifica la voluntad de nada.3
LA RAÍZ DEL CRISTIANISMO
“En un terreno tan falso, en el que toda naturaleza, todo valor natural, toda realidad tenían contra sí los instintos más hondos de la clase dominante creció el cristianismo, una forma de enemistad mortal, hasta ahora no superada, a la realidad.”4
El cristianismo sólo resulta comprensible a partir del terreno del cual brotó-no es un movimiento contra el instinto judío sino que es una consecuencia lógica de dicho instinto.
Los judíos han decidido frente a las opciones de ser o no ser, ser a cualquier precio: este precio fue la falsificación de toda naturaleza, de toda realidad. Ellos invirtieron de una manera incurable la religión, el culto, la moral, la historia, la psicología, convirtiendo a esas cosas en valores contradictorios a los que ellos son naturalmente. No hay pueblo más fatídico de la historia es el pueblo judío por su irreversible daño a la cultura humana. El sentimiento cristiano llega tan lejos que un mismo cristiano puede experimentar aversión al judío, sin concebirse como una consecuencia de él.
Nietzsche ahora nos llama a su Genealogía de la moral, donde expone el concepto de aristocracia y la moral del resentimiento (moral de señores-moral de esclavos). La moral del resentimiento surge como una negación de la aristocracia: la negación de los sometidos, el pueblo judío. Son los judíos quienes con todas las de perder, situado en condiciones imposibles, hace uso de su instinto de auto conservación-el más alto que conoció la historia, y se posiciona en los valores de la decadencia, no porque estén dominados por ellos, sino porque ven allí un gran poder. Por ello, si bien los valores judíos son los valores de la decadencia, ellos están lejos de ser un pueblo en decadencia: se han y tenido que hacer pasar por uno, puesto que el poder estaba, en ese momento en los dominados. Para los cristianos y judíos que ansían placer la decadencia no es más que un medio para poner enferma a la humanidad, en un sentido realmente peligroso para la vida. El viejo Dios no podía hacer nada, se debería haberlo abandonado, pero, a cambio, se cambió su concepto, se desnaturalizó, al precio de salvarlo. El concepto de Dios pasó a manos de sacerdotes agitadores que veían en toda ventura un premio y en toda desventura un castigo, que tomaban la desobediencia a Dios como “pecado”. Una vez expulsada la causalidad natural bajo el nombre de premio o castigo, se debería recurrir a una causalidad. antinatural, a partir de esto punto se sigue todo lo antinatural que caracteriza al cristianismo: un Dios que exige, en lugar de un Dios que ayuda, una moral que no representa nuestras necesidades en la vida, sino que es abstracta, antítesis de la vida. ¿Qué es, en definitiva, la moral judeo cristiana? El azar despojado de su inocencia; la desgracia envilecida por el concepto “pecado”; el bienestar denunciado como peligro, como “tentación”; el malestar fisiológico Infectado del gusano roedor de la conciencia...5
El concepto de Dios-falseado-, el concepto de moral-falseado- pero no se detuvieron aquí, sino que tradujeron la historia de su propio pueblo-la historia de Israel, al plano religioso. Esto debería indignarnos si no fuera porque estamos tan acostumbrados a esta interpretación eclesiástica de la historia. Y a la Iglesia la secundaron los filósofos, imponiendo el “orden moral del mundo”. ¿Y qué significa el orden moral del mundo? Significa que hay de una vez por todas una voluntad de Dios respecto a lo que el hombre debe hacer y debe no hacer; que el grado de obediencia a la voluntad de Dios determina el valor de los individuos y los pueblos; que en los destinos de los individuos y los pueblos manda la voluntad de Dios, castigando y premiando, según el grado de obediencia.6
Y un paso más: la “voluntad de Dios” tiene que ser conocida mediante la revelación. Dicho de otra forma, se necesita una falsificación literaria-la “sagrada escritura”- y una falsa forma de conocerla. Y sólo el sacerdote entonces, podía formular qué es la voluntad de Dios. A partir de ahora la vida se ordena de forma tal que el sacerdote es necesario en todas partes: el parásito sagrado que desnaturaliza. Todo aquello que poseía en sí vida (toda costumbre natural, toda institución natural (el Estado, la administración de justicia, el matrimonio, la asistencia a los enfermos y el socorro a los pobres), es transformada por el parásito sacerdote en algo carente de valor. Para ello se utiliza la sanción, un poder otorgador de valor, con lo cual se crea el valor. El sacerdote desantifica a la naturaleza. La desobediencia se nombra “pecado” y la reconciliación con Dios viene por los medios de sumisión al sacerdote. Tesis capital: “Dios perdona al que hace penitencia”-dicho claramente: al que se somete al sacerdote-.7El movimiento de Jesús de Nazaret es el instinto judío una vez más, o mejor dicho el instinto sacerdotal que ya no soporta al sacerdote como realidad y busca una forma de vida más abstracta, más irreal del mundo que la condicionada por la Iglesia, pues el mismo cristianismo se levanta contra la Iglesia…Fue una rebelión contra la jerarquía de la sociedad-no contra su corrupción- sino contra la casta, contra su privilegio. Este anarquista santo incitaba a los excluidos y pecadores a contradecir al orden dominante. Esto fue lo que lo llevo a la cruz, lo prueba la inscripción puesta en ella. Murió por su culpa,-falta toda razón para aseverar, aunque se lo haya aseverado con tanta frecuencia, que murió por culpa de otros-¿Era él consciente de la antítesis que llevaba a cabo, o fue sentido de esa manera?
Veamos por ejemplo los adjetivos con los que Renan8 caracteriza a Jesús: héroe y genio. ¿Es Jesús un héroe? ¡Pero si no hay nada menos evangélico que el concepto de héroe! Todo hombre es hijo de Dios-Jesús no reclama nada único para sí- y en cuanto hijo de Dios todo hombre es idéntico al otro… ¿qué es lo que haría de Jesús un héroe, entonces? Y en cuanto a la denominación de genio: nada de nuestro mundo, de nuestro mundo real tiene sentido ni cabida en el concepto de espíritu. Más que genio, cabría la denominación de idiota. Nosotros conocemos a través de las sensaciones: ahora nos proponen conocer a través de lo inaprensible, en un mundo meramente interior, un mundo no tocado por la realidad, un mundo eterno…”el Reino de Dios está dentro de vosotros”
El odio instintivo a la realidad y la exclusión instintiva de toda aversión, de toda enemistad, de todas las fronteras y distancias en el sentimiento: estos son los dos pilares de los cuales brota la teoría de la redención.
EL TIPO JESÚS
“En este lugar no consigo reprimir un sollozo. –hay días que me invade un sentimiento más negro que la más negra melancolía-.el desprecio a los hombres. Y para no dejar ninguna duda sobre qué es lo que desprecio: es el hombre de hoy, el hombre del que yo soy fatalmente contemporáneo”.
Con cierta tolerancia en el concepto podríamos llamar a Jesús un “espíritu libre”, ninguna cosa fija le importa. La cultura no le es conocida, ni de oídas, lo mismo sucede con el Estado. Justo el negar es imposible para él, semejante doctrina no puede contradecir, porque no admite que pueda haber, ni siquiera, otra doctrina. Ella es la única realidad, el resto es signo para hablar de ella. No es una fe lo que distingue al cristiano: el cristiano obra diferente. Por el hecho de que no se resiste ni de palabra ni en el corazón al que le hace mal. Por el hecho de que no hace distingos entre forasteros y naturales, entre judíos y no judíos (“el prójimo” es propiamente el correligionario, el judío). Por el hecho de que no guarda rencor a nadie, no desprecia a nadie. Por el hecho de que no recurre a los tribunales ni se pone a disposición de ellos (“no juréis”). Por el hecho de que bajo ninguna circunstancia, ni aun en caso de infidelidad probada del cónyuge, se separa de su mujer. Todo se reduce, en el fondo, a un solo principio; todo es consecuencia de un solo instinto.9La vida del redentor-así como su muerte- fue esta práctica. Él ya no necesitaba ni ritos ni oración para conectarse con Dios, sólo la práctica evangélica conduce a él. Una nueva forma de vida, no una nueva forma de fe…
Si algo podemos entender de esta “gran simbolista”, como lo denomina Nietzsche es que tomaba por únicas realidades las realidades interiores, todo el resto es signo de ellas. Así como el concepto de “hijo del hombre-“ no se refiere a ningún hombre en particular, el “Reino de Dios” no es algo que llegue dentro de un tiempo determinado, algo a lo que hay que esperar, es una experiencia del corazón, está en todas partes y no está en ningún lugar…Este buen mensajero, murió como vivió, no para “redimir a los hombres”, sino para ver como se ha de vivir: no defenderse, no encolerizarse, no hacer responsable a nadie…Por el contrario no oponer resistencia al malvado, sino amarlo…
Sólo Nosotros, los espíritus libres, podemos comprender algo que se ha malinterpretado por diecinueve siglos. Toda esta historia ha sido impulsada por un instinto egoísta, sólo para sacar ventaja, ya que la Iglesia fue la que se construyó en oposición al Evangelio: la humanidad entera postrada de rodillas ante lo que fue la antítesis del origen, del sentido. Se ha canonizado bajo el concepto de “iglesia”, justo aquello que el mensajero quería dejar atrás…La historia del cristianismo, a partir de la cruz, es la historia de un malentendido. Una enemistad mortal a toda altura del alma, a toda disciplina del espíritu, a toda humanidad franca y bondadosa…valores cristianos-valores aristocráticos: ¡la antítesis más grande que existe!
Y muy pronto, la fatalidad del evangelio se decidió con la muerte, quedó colgada en la cruz. Sólo entonces se abrió el abismo: ¿quién lo mató? Y la respuesta irrumpió como un rayo: el judaísmo dominante, su estamento supremo. Es evidente que la pequeña comunidad no entendió lo principal: sus discípulos estaban lejos de perdonar su muerte. Una vez más se fijó la mirada en un instante histórico: el Reino de Dios viene para juzgar a sus enemigos, pero, es aquí donde el Reino para de ser una realidad en nuestros corazones para pasar a ser una promesa. La venganza de los discípulos consistió en exaltar a Jesús de una manera extravagante, desligarlo de ellos mismo, de la misma manera que anteriormente los judíos habían elevado a su Dios por encima de ellos mismo. Dios y el hijo de Dios... ambos productos del resentimiento.
A partir de la muerte del redentor surgió la inquietud: ¡cómo puedo permitir Dios esto! Dios entregó a su hijo para redimir a todos los hombres, como víctima…y así, de un golpe, se acabó con el evangelio. Con la muerte en la cruz, esta concepción originaria llega finalmente a su final: punto final para un movimiento de paz, para una efectiva-no prometida- felicidad en la tierra.
Sin embargo, lo que antes era algo enfermo, se ha convertido hoy en algo indecente: es indecente ser cristianos. Nosotros ya ni aguantamos que un sacerdote tome en su boca la palabra “verdad”. Todo el mundo sabe que ya no hay Dios, no hay pecador, redentor, nosotros sabemos, nuestra conciencia sabe… ¡y sin embargo todo sigue igual! ¡Qué engendro de falsedad tiene que ser el hombre moderno para no avergonzarse de considerarse a sí mismo cristiano!
La palabra cristianismo es ya un malentendido, en el fondo no hay más que un cristiano y éste murió en la cruz. Reducir el ser cristiano a tener algo, es ya negar el cristianismo. No ha habido nunca cristianos. Mirando de cerca, en este falso tipo cristianos nunca predominó la fe, sino sólo los instintos… ¡y qué instintos! Una religión no que cae en errores dañinos, sino que sólo es errores dañinos que lo único que hacen es envenenar la vida:“el cristianismo es una rebelión de todo lo que se arrastra-por-el-suelo contra lo que tiene altura: el evangelio de los “viles” envilece”.
LA ANGUSTIA DE DIOS:
Cuando se coloca el centro de gravedad de la vida en el más allá, en la nada, la vida misma pierde su eje. Es como vivir de tal modo que ya no tenga sentido vivir, aunque el mismo cristiano se basa en la adulación personal a todos los malogrados para poder persuadirlos de seguirlos. El cristianismo ha hecho, desde el comienzo la guerra a todo sentimiento de respeto y de distancia entre los hombres, presupuesto de toda elevación, de todo crecimiento en la cultura. Con el resentimiento de masas el cristianismo ha forjado el arma masiva contra nosotros, los seres aristocráticos, los seres joviales, generosos, contra nuestra felicidad en la tierra. “El cristiano, esta última ratio de la mentira, es el judío dos veces y aun tres... La voluntad fundamental de usar exclusivamente conceptos, símbolos y actitudes probados por la práctica del sacerdote, el rechazo instintivo de cualquier otra práctica, de cualquier otra perspectiva de calor y utilidad, no supone mera tradición, sino herencia; sólo como herencia obra cual segunda naturaleza.” Léanse los evangelios como libros que ejercen seducción con la moral: la moral queda confiscada por estas gentes, ¡ellas saben cuán importante es la moral! ¡Con la moral es con lo que mejor se lleva a la humanidad por la nariz! Toda esta fatalidad se debe haber dado porque ya existía en el mundo una cierta empatía con estas tendencias, este delirio de grandeza judío: desde el momento en que se abrió el abismo entre judíos y judío-cristianos a éstos últimos no les queda otra que emplear los mismos procedimientos de auto-conservación que emplearon los judíos, mientras que los judíos ya los habían empelado contra todo lo no-judío. El cristiano es sólo un judío de confesión más libre.
Con todo esto, uno hace bien en ponerse los guantes cuando lee el Nuevo Testamento. En vano buscar en él un rasgo simpático, bondadoso, franco, honesto: en el Nuevo Testamento hay únicamente instintos malos, no existe ni siquiera valor parta ellos. Todo en el es cobardía, cerrar los ojos y auto-engañarse. Lo que nos separa es que ni en la historia, ni en la naturaleza, ni detrás de la naturaleza, encontraremos nosotros un Dios. Vemos a Dios como un crimen contra la naturaleza, negamos a Dios en cuanto Dios. Negamos a la fe, en cuanto veto de la ciencia. El Dios del cristianismo, el Dios que “deshonra la sabiduría del mundo”, es en realidad, la voluntad del propio cristiano, cuyos enemigos son los doctores alejandrinos y los “buenos filólogos”; a ellos se les hace la guerra.
“El peligro de Dios es enorme: ahora tiene que alejar a los hombres del árbol de la vida y mantenerlos sojuzgados mediante la indigencia, la muerte y el trabajo. La vida real es presentada como una medida de urgencia tomada por Dios, como un estado no-natural… Ahora se descubre que la guerra es necesaria (el lenguaje como causa del “pueblo”), los hombres deben destruirse a sí mismos. Finalmente, se decide la ruina ¡En tal Dios se ha creído!..”10
Ya en el comienzo de la Biblia podemos entrever la psicología entera del sacerdote. El sacerdote conoce sólo un gran peligro: la ciencia, el concepto sano de causa y efecto. Pero para conocer, realmente, hay que tener tiempo, espíritu de sobra; por lo cual los sacerdotes decidieron hacer desgraciado al hombre. En concepto de culpa, el de castigo, “el orden moral del mundo”, todos inventos para que el hombre no mire hacia afuera, sino hacia sí mismo, en realidad, no debe mirar en absoluto: debe sufrir. No se necesita médicos, se necesita un “salvador”. Si todo lo que sucede no es por causas naturales sino por fantasmas conceptuales- Dios, espíritus- entonces se ha cometido el máximo crimen contra la humanidad. El pecado, como la máxima deshonra al género humano, ha sido inventado sólo para hacer imposible la ciencia, la cultura, toda elevación y aristocracia en el hombre, el sacerdote domina gracias al invento del pecado.
Entre los cristianos hay una especie de criterio de verdad al que denominan “prueba de fuerza”: “la fe hace bienaventurados a los hombres, por lo tanto, es verdadera”. Pero en el fondo, esta presunta prueba de fuerza no es más que fe, el efecto de la fe. Con lucha se ha tenido que conquistar cada avance hacia la verdad, pero a cambio ha habido que entregar nuestro corazón, nuestra confianza en la vida. La fe no mueve montañas, sino que coloca montañas donde no la hay.
Sólo una razón enferma puede ser utilizada como razón cristiana, una razón que atenta contra la soberbia del espíritu sano. Fe significa no querer saber lo que es verdadero. Lo distintivo de los sacerdotes es la no-libertad de mentira y su incapacidad para la filología. De esta forma, se esclaviza a la humanidad, malinterpretando hechos históricos, textos históricos, etc.
Que los mártires prueban algo a favor de alguna causa, nada tiene que ver con la verdad. La muerte de los mártires seduce, pero… ¿es la cruz un argumento? ¿El hecho de que alguien entregue su vida por una causa, modifica en algo el valor de esa causa?11 Su tontería enseña que con sangre se dice la verdad: pero la sangre envenena a la doctrina más pura, convirtiéndola en delirio y odio de los corazones.
RELIGIÓN COMO DECADENCIA: CONVICCIÓN Y MENTIRA
No nos dejemos engañar: los grandes espíritus con escépticos. Zaratustra es escéptico. Las convicciones son prisiones: un espíritu que quiere cosas grandes también quiere los medios para conseguirlas es necesariamente un escéptico. El poder mirar libremente forma parte de la fortaleza. El hombre de fe, el creyente de toda especie es, por necesidad, un hombre dependiente. No ver muchas cosas, no ser desprejuiciado en punto alguno, sino ser en un todo facción, aplicar a todas las cosas una óptica estricta y necesaria, he aquí las premisas sin las cuales tal tipo humano no podría existir. Ahora bien, esto significa ser el antípoda, el antagonista del veraz, de la verdad...12
¿Existe una antítesis entre mentira y convicción? Todo el mundo lo cree. Nietzsche denomina mentira a no querer ver algo que se, independientemente de que eso suceda con o sin testigos. Un hombre que toma partido por alguna convicción es, necesariamente, un mentiroso, pues debe obviar ciertas lecturas, ciertas visiones del mundo. Por lo tanto no existe la diferencia entre mentira y convicción. No por el hecho de estar convencido de algo, implica decir la verdad. Los sacerdotes entendieron bien esta objeción a la convicción y por eso han decidido cambiar esta “convicción” por el concepto de Dios, la voluntad de Dios, revelación de Dios, etc. Y también Kant realiza el mismo proceso con su imperativo categórico: hay cuestiones en las que hombre no puede decidir sobre la verdad o no-verdad de las cosas, puesto que están más allá de la raza humana. Moraleja: el sacerdote no miente, pues no puede mentir quien encarna al portavoz de Dios. La mentira y la listeza de la revelación son partes integrantes del sacerdote.
Pero en última instancia lo que importa es la finalidad con la que se miente. El hecho de que al cristianismo le falten estas “finalidades santas” es lo que Nietzsche critica. Y también sus medios son malos: la degradación del hombre a través del concepto de pecado, el desprecio por el cuerpo, el envenenamiento, la calumnia, el resentimiento.13 Destruir, marchitar, envenenar, chupar sangre, ¡esas son sus finalidades! De hecho el cristianismo fue el vampiro del mundo romano. ¡Todo estaba allí, hace dos mil años atrás! ¿Para qué los griegos? ¿Para qué los romanos? Un imperio no vencido…sólo chupado. Nihilista y cristiano, palabras que riman…y no sólo riman.
Pero el mundo antiguo no fue lo único que el cristianismo nos ha arrebatado: con las cruzadas también ha atacado al islam, y la cosecha de su cultura. Ciertamente los cruzados sólo querían hacerse el botín… ¡si las cruzadas son sólo piratería superior…nada más! El cristianismo es sólo un medio de corrupción.
Por último fueron los alemanes quienes arrebataron la última conquista contra el cristianismo: el Renacimiento. ¿Qué fue el Renacimiento sino el intento de la transvaloración de todos los valores cristianos? La victoria de los contra-valores, los valores aristocráticos. Sin embargo, un monje alemán, Lutero, que llevaba en sí todos los instintos vengativos de un sacerdote se indignó contra el Renacimiento en lugar de comprender: en vez de ver la superación del cristianismo en su propia sede, vio la corrupción del papado. Y Lutero restauró nuevamente la Iglesia atacándola…el Renacimiento… ¡en vano! Y esta fue siempre la obra de los alemanes: la reforma, Leibniz, Kant, las guerras de liberación, el reich…toda esta suciedad de conceptos es producto de las cobardía, de no poder enfrentar al mundo, de no ser honestos… ¡Estos son mis enemigos!, clama Nietzsche: si no se termina con el cristianismo, culpables de ellos serán los alemanes.
LA MUERTE DE DIOS Y EL NIHILISMO
¡Y eso que he tornado como punto de partida de la cronología el dies nefastus en que comenzó esta fatalidad, el primer día del cristianismo! , como punto de partida el último, ¿el de hoy? ¡La transvaloración de todos los valores! ...
Si el libro se titula el Anticristo es justamente porque Nietzsche mismo se entiende así, como quien hace frente a este Dios de la decadencia. En varias oportunidades, el se autodenomina el primer nihilista consumado de Europa. Aquí cabe la aclaración: ¿qué diferencia a los valores nihilistas cristianos del nihilismo propuesto por Nietzsche? El nihilismo que comienza a desplegar la razón socrática no toma a la vida como centro, sino que pone su razón de ser en un “más allá”, mientras que el tipo de nihilismo que Nietzsche propone, el reactivo, es propio del momento en el que el hombre asume su lugar en el mundo, en la tierra, y la función del Dios muerto.
El nihilismo se hace posible a partir de la muerte de Dios. En la filosofía cristiana, Dios es el centro, el ser eterno, representa la verdad, es el parámetro para distinguir el bien del mal. Con la muerte de Dios lo que aparece es la subjetividad, un sinnúmero de verdades que responden a intereses individuales, particulares. Nada tiene valor en sí mismo, sino que el hombre debe asumir su capacidad creadora.
Pero el peligro se representa en que si el nihilismo es la perdida de toda validez universal y suprema, ¿qué sucede en la ética? ¿Todo está permitido? ¿Qué sentido tiene la existencia? ¿No significaría esto la pérdida de todo sentido en la vida…?
Podemos analizar la muerte de Dios en Nietzsche como una doble posibilidad:
a) Si Dios ha muerto, entonces parece que no hay indicaciones hacia dónde dirigirnos, ni normas de valor, así que la muerte de Dios puede traer como consecuencia el sinsentido, donde no hay posibilidad del futuro, la superación, ni el progreso; no habría un cambio auténtico, y por supuesto no habría lugar para la vida ética.
b) Y si Dios ha muerto y por eso viene un sinsentido y no hay una brújula que nos indique el camino, Nietzsche confía en que la humanidad tendrá la capacidad de estar a la medida de las circunstancias, y poseerá tal grandeza que podrá construir una ‘historia superior’, donde el hombre aspire a una vida superior en donde la ética tenga cabida.14
El poder está en la tierra, en la voluntad del hombre. Nietzsche nos propone una transvaloración de todos los valores. Con esto no significa cambiar unos valores por otros “mejores”: debe sumirse como inversión en el punto de partida, de la negación originaria de la vida de la que surge la interpretación platónico-cristiana, y de su sentido, a su afirmación genuina, originaria. La transvaloración implica una redefinición de valores, en el sentido de reafirmación de lo vital individual. Una invención nuestra que realmente responda a nuestras necesidades en el mundo, que realce nuestra voluntad de poder, que favorezcan nuestra libertad, que reafirme nuestra propia vida.
El hombre que podrá realizar esto será el súper-hombre: el Anticristo, Zaratustra, el escéptico, aquel que se sitúe más allá del bien y del mal, el niño que destruye todo el castillo para hacer otro desde el principio, recurriendo a su propia inventiva.
CONCLUSIÓN
“He llegado al final y pronuncio mi veredicto. Declaro culpable al cristianismo, formulo contra la Iglesia cristiana la acusación más terrible que ha sido formulada jamás por acusador alguno. Se me aparece como la corrupción más grande que pueda concebirse; ha optado por la máxima corrupción posible.”
Libro tan contundente como el Anticristo, no creo haber leído nunca. No es sólo una crítica, un análisis sobre los factores negativos que introdujo la religión a nuestras vidas. El Anticristo es una exclamación a la vida, es una negación de aquellos valores que pretende reducirnos a una forma de vida que no merece ser vivía, a una vida despojada, justamente, de aquello que la hace vida. Nietzsche no critica a la religión en sí, sino a lo que han hecho de ella. Critica la religión en tanto negadora de la existencia y no como manifestación de una suerte de espiritualidad en el hombre. No critica a Jesús, sino a sus malinterpretaciones por parte de sus “súbditos”. No critica los ritos religiosos, sino el hecho de que para acceder a esos ritos debemos abandonar todo lo que nos hace estar vivos para entregarnos a una realidad que, paradójicamente, no es real. Nunca aboga por terminar con la religión sino con destruir al cristianismo, aun tipo de religión, no a la religión en sí.
Cabe hacer la pregunta: ¿existe, o existiría algún tipo de religión que no niegue la vida? Es decir, si no es intrínseco a la religión proyectarse hacia un más allá, relegando la vida en la tierra como algo que es medio para esa vida terrenal. Porque aún en el budismo, religión que Nietzsche defiende en sus ataques al cristianismo, hay una proyección del espíritu hacia otra realidad. (Aunque de manera bien distinta, puesto que se parte de conceptos terrenales, de la vida misma, para llegar a ella) Por eso, me interesa tomar esta crítica, más que cómo una crítica en sí, como un comienzo, como el comienzo de la guerra: no se puede destruir pacíficamente lo que han hecho de nosotros, debemos combatirlo con todas nuestras armas, hasta vencer y que no haya ni un vestigio del cristianismo en la tierra.
Otra cuestión bien interesante es el tema de la verdad: pareciera que hay alguna verdad que el cristianismo oculta, o nos “quita”, aunque sólo podemos aproximarnos a considerar dicha verdad como la misma vida, la vida vivida, la voluntad de poder. Y es esta voluntad justamente lo que el cristianismo niega, a pesar de en realidad encubrir una voluntad de poder, aunque provenga de la “casta” de los sacerdotes. Como bien antes lo trata en la Genealogía de la moral, el problema es cuando la posta de la voluntad de poder es tomada por los débiles, por quienes tienen un resentimiento hacia la vida que genera, refleja, una moral, una construcción metafísica que niega la existencia. Y como siempre, en el lado contrario, Nietzsche exalta los valores aristocráticos, el poder de los nobles, de los que no tienen piedad. Cosa que resulta un poco chocante siempre en la lectura de este autor.
Pero, a pesar de la crítica, del enojo, hacia el final de la lectura Nietzsche nos propone mucho: nos está instigando a salir a crear nuevos valores, a combatir la tristeza con alegría, el pecado con vida. Nos está invitando a transmutar todos los valores, a crear una nueva sociedad, una sociedad que parta de su propia existencia y a partir de ella cree sus valores. Afirmar la vida, no negarla. ¿Hay hoy algún Dios al que vencer? ¿Están presentes los valores nihilistas? ¿Ha triunfado el súper hombre o la negación de la vida? Cuestionarnos constantemente para no quedar apáticos y exaltar la vida por sobre todo. “Es necesario que cambiemos nuestra manera de ver, para llegar por fin, quizás demasiado tarde, a renovar nuestra manera de sentir.”15
Bibliografía:
- Nietzsche, F.; El Anticristo; Alianza editorial, Buenos Aires, 2008.
- Nietzsche, F.; Genealogia de la moral, Gradifico, Buenos Aires, 2007. (Npo hay citas específicas pero sí referencias al capítulo 1)
-Muñoz, Jacobo; Nihilismo y crítica de la religión en Nietzsche (en Filosofía de la religión: estudios y textos); Editorial Trotta.
-Camacho Ledesma, M. Gabriela-López Martínez, María Itzel; Filosofía (Manual basado en competencias), Editorial Progreso, México, 2011.
1 Nietzsche, F.; El Anticristo; Alianza editorial, Buenos Aires, 2008. (Introducción)
2 Op. Cit. Pág. 36-37
3 Aquí decidí omitir el análisis que hace Nietzsche del budismo en relación con el cristianismo. Nietzsche siente una suerte de simpatía por el budismo-según Sánchez Pascual influencia de Schopenhauer- que lo hace caracterizarlo de una forma distinta, si bien ambas-budismo y cristianismo-son religiones de la decadencia. Esta comparación abarca del parágrafo 20 al 23.
4 Op. Cit. Pag. 62
5 Op. Cit. Pag. 59.
6 Op. Cit. Pag. 60
7 Op. Cit. Pag 62
8 Con quien polemiza Nietzsche es con E. Renan (1823-1892), con quien ya había polemizado en el Crepúsculo de los ídolos. Las notas que toma de Renan son Vida de Jesús (historia del origen del cristianismo, París, 1883, publicadas por primera vez en 1970, véase las pp. 422-429 del tomo III, 2.
9 Op. Cit. Pp. 71
10 Borrador del parágrafo 48
11 De alguna forma creo que en este punto Nietzsche ha dado en el clavo: la teoría del mártir está muy arraigada en nuestra sociedad. La canonización de la muerte-por juventud, por valentía, etc.- convierte en una suerte de lucha románticas a lo que, en realidad, no deja de ser una lucha de poder entre clases o tipo de sociedades.
12 Op. Cit. Pp. 104
13 Aquí he obviado también la comparación que realiza Nietzsche de las finalidades cristianas con el código de Manú, legislación más antigua de la India. Dicho análisis corresponde a los parágrafos 56 y 57 del ya mencionado libro.
14 Esto está sacado del libro: Camacho Ledesma, M. Gabriela-López Martínez, María Itzel; Filosofía (Manual basado en competencias), Editorial Progreso, México, 2011.
15 Aurora, parágrafo 103.